jueves, 19 de febrero de 2015

Laberinto.

Te toqué el corazón y el dedo se me hundió en tu pecho.
Te toqué el alma y me introduje en ella como si nada.
Laberinto, era un laberinto profundo.
No había salida, me perdí en él. Ya no me encontraba ni yo.
Tenía miedo, tenía inseguridades sobre que hacer, que camino tomar.
Perdí valentía.
Me ajusté cobardemente a tu camino sin salida.
Pero nos guiaba un corazón ciego.
Entonces precisamos la salida y encontramos el final.
Salí, salí de ti.
Me echaste de tu alma, pero no de tu corazón, no de tu negro corazón que aun me atrapa si te miro.
Y que fuerte como tiemblo, y que fuerte mi mirada al disipar tu silueta en mis sueños.
Y que bonitas tus manos... tus preciosas manos, que me dijeron adiós sin ni si quiera un último roce. Y nos largamos y no nos volvimos a encontrar nunca antes. No como lo hacíamos.

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